
Cumplir 50 años no significa que los huesos vayan a debilitarse de forma inevitable. Sin embargo, sí marca una etapa en la que merece la pena prestar más atención a la salud ósea, especialmente en las mujeres que atraviesan o han atravesado la menopausia.
El estudio EPISER, impulsado por la Sociedad Española de Reumatología, permitió observar cómo evoluciona la densidad mineral ósea en la población española y cómo aumenta la frecuencia de la osteoporosis con la edad. Sus resultados ayudan a comprender por qué el cuidado de los huesos no debería comenzar cuando aparece una fractura, sino bastante antes.
Conviene aclarar un matiz importante: las cifras de osteoporosis densitométrica proceden del EPISER original, cuyo trabajo de campo se realizó entre 1998 y 1999. La edición EPISER 2016 estudió otras enfermedades reumáticas y las fracturas osteoporóticas clínicas, pero no actualizó del mismo modo la prevalencia de osteoporosis medida mediante densitometría.
Por tanto, no se trata de datos recién publicados, aunque siguen siendo una referencia epidemiológica relevante para comprender la osteoporosis en la mujer de 50 años en España.
Qué fue el estudio EPISER
EPISER fue un amplio estudio de base poblacional dirigido por la Sociedad Española de Reumatología para conocer la frecuencia de distintas enfermedades musculoesqueléticas entre los adultos españoles.
La investigación incluyó a 2.192 personas mayores de 20 años, seleccionadas mediante un muestreo diseñado para representar a la población española por edad, sexo y lugar de residencia. La recogida de información estuvo a cargo de reumatólogos y 1.865 participantes aceptaron someterse a una medición de la densidad mineral ósea.
Para estudiar la osteoporosis se empleó una densitometría periférica mediante AccuDEXA, realizada en la segunda falange del dedo medio de la mano no dominante.
Este detalle es importante porque sus resultados no son directamente intercambiables con los obtenidos mediante una densitometría convencional de columna lumbar o cadera.
Por ese motivo, las cifras deben entenderse como una fotografía epidemiológica obtenida con la metodología utilizada en aquel momento, y no como un diagnóstico aplicable a cada mujer de manera individual.
La cifra que más llama la atención a partir de los 50 años
Los resultados de EPISER muestran una diferencia clara entre hombres y mujeres conforme avanza la edad.
A partir de los 50 años, coincidiendo aproximadamente con la etapa de la menopausia, el estudio observó en las mujeres una disminución de masa ósea más acusada que en los hombres.
En determinados intervalos de cinco años, la reducción registrada se situó entre aproximadamente el 5 % y el 7,8 %, aunque la evolución no fue completamente uniforme en todas las edades.
Esto no significa que todas las mujeres pierdan la misma cantidad de hueso ni que esa disminución conduzca necesariamente a osteoporosis.
La salud ósea depende de numerosos factores personales, entre ellos:
- La masa ósea alcanzada durante la juventud.
- Los antecedentes familiares.
- La alimentación.
- La actividad física.
- El peso corporal.
- Determinados medicamentos.
- Algunas condiciones de salud.
Lo que sí revela el estudio es que los 50 años representan un punto de inflexión razonable para revisar los hábitos y comentar con un profesional sanitario si existen factores de riesgo que convenga valorar.
Cómo aumenta la osteoporosis con la edad en las mujeres españolas
Aplicando el punto de corte más estricto utilizado en EPISER, equivalente a un T-score inferior a –2,5, la frecuencia de osteoporosis entre las mujeres aumentaba progresivamente:
| Edad | Mujeres clasificadas con osteoporosis |
|---|---|
| De 50 a 59 años | 4,3 % |
| De 60 a 69 años | 8,8 % |
| De 70 a 79 años | 21,1 % |
| 80 años o más | 37 % |
La misma investigación también utilizó un segundo umbral adaptado a la medición periférica en la falange.
Con este criterio menos restrictivo, las proporciones fueron mayores:
- 13,6 % entre los 50 y 59 años.
- 29,9 % entre los 60 y 69 años.
- 50,5 % entre los 70 y 79 años.
- 63 % a partir de los 80 años.
La diferencia entre ambos cálculos demuestra algo esencial: una cifra de prevalencia no puede interpretarse sin saber qué técnica y qué punto de corte se han utilizado.
EPISER estimó que, considerando a todas las mujeres adultas incluidas en la muestra, la prevalencia era del 5,2 % con el criterio más estricto y del 15,6 % con el umbral específico empleado para la densitometría de falange.
Estas cifras no deben sumarse ni compararse como si fueran dos grupos diferentes. Son dos formas de analizar a la misma población mediante criterios distintos.
¿Quiere decir esto que una de cada tres mujeres tendrá osteoporosis?
No exactamente.
A menudo se cita que una de cada tres mujeres mayores de 50 años sufrirá una fractura relacionada con la osteoporosis a lo largo de su vida.
Sin embargo, esta estimación se refiere al riesgo acumulado de fractura, no al porcentaje de mujeres que presentan osteoporosis en un momento concreto.
Son conceptos diferentes:
- La prevalencia de osteoporosis indica cuántas personas cumplen unos criterios determinados en el momento del estudio.
- El riesgo de fractura a lo largo de la vida estima la probabilidad de sufrirla durante los años siguientes.
- La densidad mineral ósea es solo una parte de la valoración global del riesgo.
Por eso, una cifra aislada no basta para saber qué le ocurrirá a una persona concreta.
Qué descubrió EPISER sobre las fracturas
Entre las mujeres mayores de 45 años que participaron en el estudio, un 5,7 % declaró haber sufrido desde esa edad alguna fractura de cadera, muñeca o costillas.
Las mujeres clasificadas como osteoporóticas mediante la densitometría periférica presentaban una asociación más elevada con los antecedentes de fractura.
Sin embargo, al tratarse de un estudio transversal, este resultado no permite predecir por sí solo el futuro de una mujer ni sustituye una valoración clínica individual.
Además, no todas las fracturas se deben a osteoporosis y no todas las personas con una densidad mineral ósea reducida llegan a sufrirlas.
El riesgo depende también de aspectos como:
- Las caídas.
- La fuerza muscular.
- El equilibrio.
- La edad.
- Los antecedentes personales y familiares.
- El uso de determinados medicamentos.
Por qué la osteoporosis puede pasar desapercibida
Uno de los problemas de la pérdida de densidad ósea es que normalmente no produce señales evidentes en sus primeras fases.
Una persona puede sentirse bien, mantenerse activa y no sospechar que sus huesos han perdido resistencia.
EPISER señalaba precisamente que la disminución de la calidad ósea podía permanecer sin identificar hasta que apareciera una fractura.
Esto explica por qué no conviene esperar a notar dolor.
El dolor no es una forma fiable de saber cómo está la densidad mineral ósea y la ausencia de molestias tampoco garantiza que todo esté bien.
Sí merece la pena consultar cuando existen circunstancias como:
- Una fractura tras una caída leve.
- Una pérdida notable de estatura.
- Antecedentes familiares de fractura de cadera.
- Menopausia precoz.
- Tratamientos prolongados que puedan afectar al hueso.
El profesional sanitario decidirá si está indicada una valoración más detallada.
Qué se puede hacer a partir de los 50 años
Las cifras de EPISER no deberían generar alarma, sino servir como recordatorio de que la salud ósea se construye en el día a día.
Mantener una actividad física adaptada.

Caminar viene bien para mantenerse activa, pero los huesos y los músculos también agradecen ejercicios de fuerza adaptados a la capacidad de cada persona.
Trabajar piernas, caderas, espalda y brazos ayuda a conservar fuerza y estabilidad. Los ejercicios de equilibrio también pueden contribuir a reducir el riesgo de caídas.
No hace falta empezar con grandes cargas. La clave está en:
- La regularidad.
- La progresión.
- Una ejecución segura.
- La adaptación a cada persona.
Cuando existen problemas de movilidad, fracturas previas o limitaciones importantes, conviene pedir orientación profesional antes de iniciar una rutina nueva.
Cuidar la alimentación sin obsesionarse.
Una dieta variada debe aportar proteínas suficientes y nutrientes relacionados con el mantenimiento normal de los huesos, entre ellos calcio y vitamina D.
Los lácteos no son la única opción. También pueden contribuir alimentos como:
- Las sardinas con espina.
- Determinadas verduras.
- Las legumbres.
- Los frutos secos.
- Algunos productos enriquecidos.
La elección concreta dependerá de las preferencias, las posibles intolerancias y el resto de la alimentación.
Tomar suplementos por cuenta propia no siempre es necesario. Las dosis elevadas tampoco son inocuas, de modo que merece la pena consultar antes de incorporarlos.
Evitar el tabaco y moderar el alcohol.
El cuidado de los huesos forma parte del bienestar general.
No fumar, limitar el consumo de alcohol, dormir bien y mantener un peso adecuado son decisiones que también favorecen una vida más activa con el paso de los años.
Prestar atención a las caídas.
Una casa bien iluminada, un calzado estable, las alfombras bien fijadas y los espacios despejados pueden parecer detalles menores, pero ayudan a evitar tropiezos.
También conviene revisar la vista y consultar si aparecen:
- Mareos.
- Debilidad.
- Inseguridad al caminar.
- Problemas de equilibrio.
Proteger el hueso es importante, pero reducir la posibilidad de una caída lo es igualmente.
Densitometría: cuándo puede merecer la pena consultarla
La densitometría ósea es una prueba que permite medir la densidad mineral de los huesos.
La técnica que se utiliza habitualmente para valorar zonas como la cadera y la columna no es la misma que empleó EPISER en la falange.
No todas las mujeres necesitan realizarse esta prueba al cumplir 50 años de forma automática. La decisión suele depender de:
- La edad.
- Los antecedentes de fractura.
- La menopausia.
- Los antecedentes familiares.
- La presencia de otros factores de riesgo.
Lo prudente es comentarlo durante una revisión médica, especialmente cuando existe algún antecedente relevante.
De esta forma, la decisión no se basa únicamente en la edad ni en una cifra leída en internet.
Qué lectura práctica dejan las cifras de EPISER
El principal mensaje del estudio no es que la osteoporosis sea inevitable después de la menopausia.
Lo que muestra es que la edad adquiere un peso creciente y que la frecuencia de una densidad ósea muy baja aumenta de manera marcada en los grupos de mayor edad.
También recuerda que las estadísticas describen poblaciones, no destinos personales.
Una mujer de 55 años y otra de 75 pueden tener circunstancias completamente distintas. Del mismo modo, dos mujeres de la misma edad pueden presentar perfiles de riesgo muy diferentes según su salud, sus antecedentes y sus hábitos.
Cuidar la fuerza muscular, mantenerse activa, alimentarse de manera equilibrada y revisar los posibles factores de riesgo son pasos sensatos dentro de una rutina de bienestar.
Los complementos alimenticios, cuando se utilizan, deben ocupar un papel secundario y responsable: no sustituyen una dieta variada, la actividad física ni el seguimiento profesional.

Preguntas frecuentes sobre osteoporosis en mujeres mayores de 50 años
¿Todas las mujeres pierden masa ósea después de la menopausia?
La evolución de la masa ósea varía de una mujer a otra.
Los cambios hormonales de la menopausia pueden acelerar su pérdida, pero también influyen la genética, la alimentación, la actividad física, el peso, ciertos medicamentos y otras circunstancias personales.
¿La osteoporosis siempre causa dolor?
No.
La disminución de la densidad ósea suele avanzar sin síntomas evidentes. El dolor puede aparecer después de determinadas fracturas o por otros problemas musculoesqueléticos, pero no sirve por sí solo para saber si existe osteoporosis.
¿Una densitometría baja significa que habrá una fractura?
No necesariamente.
Una densidad mineral ósea reducida aumenta el riesgo, pero no permite predecir con certeza qué ocurrirá.
Para valorar el riesgo global se tienen en cuenta otros factores, como la edad, las caídas, las fracturas previas y los antecedentes familiares.
¿Caminar es suficiente para cuidar los huesos?
Caminar es una actividad muy positiva, aunque suele ser recomendable combinarla con ejercicios de fuerza y equilibrio adaptados.
Esta combinación ayuda a conservar la musculatura, la estabilidad y la autonomía en el día a día.
¿Hay que tomar calcio a partir de los 50 años?
No todas las mujeres necesitan un suplemento.
Lo adecuado es revisar primero la alimentación y consultar con un profesional si existen dudas, déficits o factores de riesgo.
Tomar más cantidad de la necesaria no ofrece necesariamente un beneficio adicional.
Francisco Hernández Mir.